Para garantizar alimentos inocuos y proteger la salud pública, es clave dominar la validación (probar científicamente que el plan funciona en teoría y práctica)
y la verificación (comprobar en el día a día que se cumple lo escrito mediante calibraciones, registros y observación directa). Ambas herramientas previenen desvíos sistemáticamente y salvan a los consumidores de cualquier daño.

